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La Niña y La Luna

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  La Niña y la Luna Todas las noches, Anabella Camila se sube al borde de la cama y mira fijamente hacia arriba. Mira y fija su atención como con casi nada acostumbra a hacerlo. Puede pasar todo el día jugando, saltando, corriendo, siendo feliz, pensando en nada más sino en jugar con sus muñecas, colorear sus cuadernos, jugar con sus amiguitos, comer lo que le gusta y ser feliz. Todo empezó cierta noche cuando luego de jugar y mientras esperaba su arepita con queso, su vasito de refresco y el conocido “Anabella , cómete todo”. Desde la cocina, Ana escuchaba un sollozo reprimido como aquel que no quiere ser escuchado: Era mami, llorando, triste, mustia y resignada, con un dolor que sólo el tiempo habrá de curar. -“¿Qué pasa, mami?” - “Nada, Anabella, nada, hija. Todo está bien”- sonreía Ángela mientras se secaba las lágrimas y esbozaba una sonrisa que no engañaba a la niña. Había silencio cómplice: Anabella sabía que nada estaba bien y pretendía no entender, mientras Ángela ...